REFLEXIONES EN EL CAMINO

sábado, 19 de abril de 2014

DOS MALES RECLAMA DIOS


DOS MALES RECLAMA DIOS  “Una reflexión en el camino”
Por Guillermo Ávila
 

“Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, FUENTE DE AGUA VIVA, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen  agua” Jeremías 2:13

Son las Palabras de Dios por medio del profeta Jeremías a su pueblo Israel, diagnosticando correctamente su condición moral y espiritual, y anunciándoles las consecuencias que les traerá sobre esta tierra.

A no mediar un cambio de actitud y una correcta  decisión, el cautiverio babilónico sería inminente, una de las experiencias  más dolorosa y desastrosa, vivida por Israel como nación en  su larga historia.

No hay dudas del intento de Dios para evitarles esta dolorosa experiencia: “Anda y clama a los oídos de Jerusalén, diciendo: Así dice Jehová: Me he acordado de ti, de la fidelidad de tu juventud, del amor de tu desposorio, cuando andabas en pos de mí en el desierto, en tierra no sembrada. Santo era Israel a Jehová, primicias de sus nuevos frutos”

Sus pensamientos, son pensamiento de bien y no de mal, son de salvación para su pueblo.

Las causas y el origen del sufrimiento humano no nacen en Dios, su naturaleza es amor, y es así como el profeta les anuncia:

“Tu maldad te castigará, y tus rebeldías te condenarán; sabe pues; y ve cuan malo y amargo es el haber dejado tú a Jehová tu Dios, y faltar mi temor en ti, dice el Señor, Jehová de los ejércitos”

Dios es FUENTE DE BIEN, ES  FUENTE DE AGUA VIVA  para los hombres, para todas las familias y para todas las naciones de la tierra.

Es tu maldad la que te castigará, es tu rebeldía la que te condenará.

“Los cautiverios dolorosos” en nuestras vidas se originan dentro de nosotros y no en Dios, se originan cuando abrimos nuestro corazón al mal y a la rebeldía, decisión que nos llevará  a comer lo malo y  lo amargo de la vida.

Esa fue la triste experiencia de Judas, a quien Jesús llamó su amigo, quién permitió que satanás entrara en su corazón.

Esa fue también la experiencia de aquel hijo que decidió  irse de su casa, y malgastar toda su herencia. Su decisión lo expuso al mal, a la humillación,  al dolor y a la amargura de la experiencia  lejos de su hogar.

El amor del Padre nunca estuvo en juego, su amor siempre fue mayor que sus malas decisiones y del malgaste de los recursos heredados. El amor del padre siempre estuvo con los brazos abiertos para acogerlo, perdonarlo y restaurarlo bajo la sombra de su amparo.

El mundo entero está bajo el maligno y sus huestes de maldad que operan permanentemente, habitar bajo el altísimo, es morar bajo la sombra del omnipotente, es verdadero refugio y bendición para todos quienes se refugian en Él.

El alejarnos de Dios y apartarnos de su temor, es exponernos a las influencias de maldad, a la vergüenza, y a la humillación. Es entregarnos al “cautiverio”

Dios fue claro en su diagnóstico: “ME DEJARON A MI, FUENTE DE AGUA VIVA”

Si el diagnóstico es claro, también debe ser claro el tratamiento, para garantizar una plena restauración.

Reconocerlo, y volverse al Señor es un camino probado a través de la historia, es lo que las Escrituras definen como “ARREPENTIMIENTO” “VOLVER EN SÍ”

Es lo que hizo el hijo pródigo y fue restaurado, fue lo que no hizo Judas y terminó ahorcado.

Era el camino que Dios esperaba de su pueblo,    que enderezaran su senda, para restaurarles y evitarles el sufrimiento del cautiverio.

Así lo describe el profeta:
“¿Qué tienes en el camino de Egipto, para que bebas aguas del Nilo?” y
“¿Qué tienes tú en el camino de Asiria, para que bebas aguas del Éufrates?”

¿No te soy Yo verdadera FUENTE DE AGUA VIVA? Es el reclamo de Dios.

¿Por qué has decidido cavar para ti cisternas propias, cisternas que no retienen agua?
¿No te soy Yo mejor que el agua de Egipto, o mejor que el agua de Asiria?

Israel decidió refugiarse en Egipto y fue defraudado y quebrantado.
Israel decidió refugiarse en Asiria y terminó en cautiverio.

Amigo(a) y hermano(a):
No basta un buen diagnóstico, el tratamiento debe ser el adecuado: ¿Qué decisión tomarás  a las puertas de un cautiverio? ¿Esperarás estarlo para reaccionar, con el peligro de que sea demasiado tarde?
Dos males reclama Dios sobre las naciones:
 
“Me dejaron a mí, FUENTE DE AGUA VIVA, y
CAVARON PARA SÍ cisternas rotas, que no retiene agua”

lunes, 17 de marzo de 2014

¡ACTIVA TU BENDICIÓN!

UNA REFLEXIÓN EN EL CAMINO  ¡Activa tu bendición!
Por Guillermo Ávila



“Cuando venga el Hijo del hombre, ¿Hallará fe en la tierra?” Lucas 18:8

¿Cómo hallar fe sobre esta tierra en medio de tanta injustica, violencia e inmoralidad?
¿Cómo encontrar fe sobre esta tierra en medio de tantos desastres naturales, como sequías, tormentas, terremotos e inundaciones?

Vivimos en medio de una sociedad llena de conflictos, conflictos de relaciones, pleitos, guerras, divorcios, etc. Conflictos por infidelidad, deslealtad, hijos rebeldes, embarazos a destiempo, enfermedades y accidentes que frustran en un solo momento los sueños de una vida, y nos confrontan al dolor, la angustia y el poder inminente de la muerte.
Despertamos cada día y las noticias nos recuerdan la profunda crisis moral, social y económica en que vivimos, donde aún los más destacados personajes públicos decepcionan y frustran los anhelos de los pueblos, se corrompen contradiciendo sus propios discursos.

En medio de esta triste realidad abundan los mensajes de terror, que recalcan  nuestras tragedias, nuestras desesperanzas, y nos hunden más y más en nuestra desesperación, desplegando una densa oscuridad que nos impiden ver EL CIELO que nunca ha cambiado de lugar, o ver EL SOL que nunca ha dejado de brillar.

No serán los hombres, ni con su inteligencia,  su sabiduría y tecnología que abrirán sobre la humanidad LOS CIELOS  para activar sobre nosotros LA BENDICIÓN DE DIOS.

Es Dios mismo quién irrumpirá como un relámpago con los rayos de su luz, quién alumbrará  nuestro camino, para impartir fe y esperanza a nuestra pobre realidad.

Es Dios mismo quien abrirá sendas donde no las hay, quién hará florecer nuestros desiertos alumbrándonos en  medio de nuestra oscuridad.
Es Dios mismo quién aún de entre el polvo y la adversidad, descubrirá el alma sedienta, impartiéndole su vida para elevar UN CLAMOR y UNA ORACIÓN en nuestra desesperación.

Parece tan sencillo, es sólo UN CLAMOR en medio de nuestra aflicción, que nos traerá respiro y liberación. ¡CLAMA A MÍ, Y YO TE RESPONDERÉ!

¿Qué nos impide activar su bendición?
¿Qué nos impide elevar al cielo nuestro Clamor?

Es nuestro orgullo, es nuestra soberbia, es la altivez de nuestro espíritu, lo que endurece la mente y el corazón, estructurando pensamientos y mil razones que justifican nuestra posición.
Dios resiste la soberbia, cierra los cielos y nos aleja de su bendición.

Dios NO ESCUCHA  nuestras quejas, solo escucha la oración.

NUESTRA NECESIDAD  no es lo que activa su bendición, ni nuestras  LÁGRIMAS en sí tocarán su corazón, es LA FE, la fe expresada en un CLAMOR lo que activará su bendición: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!
LA FE,  que viene por el oír, el oír LA PALABRA de Dios.

¡Hijos oíd mi PALABRA!
¡Poned atención a mi consejo!
¡Oye, Israel!
“Cuidarás de poner por obra mi Palabra y vivirás, te multiplicarás y poseerás sobre la tierra mi bendición”
“Cuidarás de no olvidarte de obedecer mi Palabra, no sea que te enorgullezcas y digas en tu corazón: Fue mi poder y la fuerza de mi mano que me ha traído todo esta bendición”

¿No es común en el hombre atribuirse el bien a su esfuerzo y a su trabajo?
¿No es común en el hombre atribuirle a Dios nuestro mal?

Es la desobediencia a su Palabra, es el vivir lejos de Dios lo que ha originado sobre nosotros todo tipo de mal.

¡Hijos, oíd! el consejo de Dios:

“Más si en tu aflicción te vuelves a mí, te HUMILLAS y CLAMAS, entonces yo OIRÉ desde los cielos, perdonaré tus pecados y sanaré tu tierra”

Dios habló a Moisés en el desierto: “He visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su CLAMOR a causa de sus opresores; pues he conocido sus angustias, y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a una tierra que fluye leche y miel, donde yo los bendeciré”

Dios no solo anhela sacarnos de nuestras aflicciones, sino que él anhela introducirnos en SU BENDICIÓN.

No creas  a las mentiras de Satanás; Dios no quiere tu destrucción, Dios no busca nuestro mal, Dios quiere que vivamos siempre bajo SU BENDICIÓN.
En la cruz nos demostró su amor, murió, resucitó para darnos la salvación, pero no te detengas solo en la salvación, Jesús quiere que avances, que te introduzcas y poseas LA TIERRA  de su provisión.

¿Qué sentido tendría salvarnos de la esclavitud de Egipto para llevarnos a morir en el desierto?

El desierto no es el fin, el desierto es un paso necesario, nos permite conocerle, aprender a oír su voz, a agradecer su salvación, aprender a amarle, a obedecerle, a servirle, a adorarle y a seguirle para ENTRAR y POSEER LA TIERRA, que es Cristo, la plenitud de la bendición de Dios.

Pedro y Judas fueron dos discípulos del Señor, y como muchos de nosotros buscaron en Él su libertad y salvación.
Vaciarse de sí mismos y despojarse de una mentalidad de esclavitud, siempre será la mayor dificultad.
Judas no lo pudo soportar y no pudo su alma humillar, murió en su desierto sin experimentar su libertad.
Pedro confrontó la miseria de su alma, y aunque una noche amarga tuvo que pasar, vino un nuevo amanecer y su salvación pudo alcanzar.

Amigo(a) y hermano(a):

Deja que su luz alumbre tu oscuridad, y aunque en el polvo de la desesperanza te encuentres, o en el más profundo pantano de tu vida, su Espíritu te impartirá FE, FE que hará brotar UN CLAMOR, un clamor que tocará su corazón y activará tu bendición.

Es una FE viva, expresada en un CLAMOR, lo que activa su bendición,
¡ACTIVA TU BENDICIÓN!

sábado, 15 de febrero de 2014

¿QUÉ ESPERA DIOS DE MÍ?


¿QUÉ ESPERA DIOS DE MÍ? “Una reflexión en el camino”
Por Guillermo Ávila


“¿Qué pide el Señor de ustedes? Solamente que lo honren y sigan todos sus caminos; que lo amen y lo adoren con todo el corazón y con toda su alma, y que cumplan sus mandamientos y sus leyes, para que les vaya bien” Deuteronomio 10:12
Todos los seres humanos, en toda su historia, han buscado agradar y satisfacer el corazón de Dios, en su ignorancia, su búsqueda le ha producido muchas frustraciones y  decepciones, porque Dios no es tan tangible, no se adecua a nuestros planes o pensamientos, él es Dios y lo seguirá siendo por toda la eternidad.

Aunque Dios declara en su palabra que sus pensamientos para los hombres son de bien y no de mal, los hombres muchas veces en nuestra nublada interpretación de los acontecimientos de la vida, juzgamos mal, y hasta culpamos a Dios de nuestras desgracias.
¿Quién no ha estado enojado con Dios?

¿Quién no ha considerado muchas veces sus juicios injustos y equivocados sus caminos?

Dios no es como nosotros, y sencillamente no piensa como nosotros. Nosotros somos egoístas y siempre juzgamos las cosas de acuerdo a nuestra personal conveniencia.
Que lamentable aquellos “representantes de Dios” que hacen ver a Dios como una persona como ellos, egoísta, manipulador, que solo piensa en su propio beneficio, o nos hacen ver a un Dios, religioso como ellos, que nos impone yugos que ni ellos mismo pueden sobrellevar, produciendo grandes decepciones en las multitudes de sinceros buscadores de la verdad.

Consecuencia de todo aquello, es ver a muchos frustrados en su espiritualidad, buscando una experiencia para su vida sin Dios o lo más lejos de él, haciendo más terrible el desenlace y el destino de sus vidas.
Si tú y yo queremos experimentar el bien de Dios, su bendición, sencillamente debemos regirnos a lo que él nos dice:

¿Qué espera Dios de mí?
¿Qué pide Dios de ti?

La misma pregunta que Dios le hizo a su pueblo algunos miles de años atrás cuando a las puertas de la Tierra Prometida, les garantizaba que aquella sería una tierra de bendición para ellos, donde serían prosperados y bendecidos juntos a sus familias y todas sus posesiones, si tan solo atendían su consejo.
¿Qué Dios les pedía?

1.- QUE LO HONRARAN: Esto es tenerle en alta estima, es respetarle en su sabiduría y en sus juicios, que estos nunca serían para su mal sino para el bien de ellos. Que confiaran en él.
2.- QUE CAMINARAN EN SUS CAMINOS: La vida siempre  nos presentará muchos caminos para escoger, el mundo siempre nos ofrecerán muchas alternativas, ligadas a la vanidad, a las posesiones, a la codicia, las drogas, etc. Dios nos pide que escojamos los suyos, y si en algún momento parecieran cerrados sus caminos, él puede abrir nuevas sendas delante de nosotros a fin de llevarnos al bien y su bendición. Que usemos nuestra libertad para decidir, decidiendo por sus caminos, los que siempre serán justos y verdaderos.

3.- QUE LO AMEMOS CON TODO EL CORAZÓN Y CON TODA NUESTRA ALMA: Hay tantos amores que procurarán conquistar nuestro corazón, hay tantas emociones y sentimientos que procurarán desviar nuestra atención de él. Él desea que lo tengamos siempre en el centro de nuestro corazón, que lo guardemos y lo consagremos a él todos los días de nuestra vida. Él nos anhela celosamente.
4.- QUE LO SIRVAMOS CON TODO EL CORAZÓN Y EL ALMA. La vida es un servicio y todos los días servimos, servimos en la casa, servimos en el trabajo, servimos en el colegio y también en la iglesia. Todos los días servimos a los demás. Dios desea que ese servicio sea a Él, pues es la única forma de que no nos cansemos de hacer el bien, es la única forma que lo haremos sin amargura y sin quejarnos, si lo hacemos a Él, lo haremos con alegría y con acción de gracias. Todo lo que hagan sea de palabra o de hecho, háganlo en su nombre.

5.-QUE GUARDEMOS SU PALABRA. Si no la observamos y no la guardamos ¿que garantiza no equivocarnos? En nosotros no hay sabiduría, él es la sabiduría. Su palabra es lámpara a nuestros pies y lumbrera a nuestro camino. La bendición de Dios no es para los que leen o los que escuchan, es para los que guardan su palabra, de ellos es la bendición de Dios.
Necesitamos meditar en ella todos los días para guardarla, solo así seremos como árboles plantados junto a las corrientes de aguas, que da su fruto a su tiempo, su hoja no cae y en todo son prosperados.

Antes del fruto son las hojas, y por las hojas se conoce el árbol y garantiza su fruto. Las hojas son el testimonio de Dios en la vida de los hombres, el cual no debe caer en tierra, debe permanecer, hasta la manifestación del fruto, la bendición de Dios.
Dios no quiere que seas un árbol con sus hojas por tierra, quiere que seas un árbol lleno de fruto, con sus hojas verdes, bendecido(a) por Dios.

¿QUÉ ESPERA DIOS DE MÍ?
Que lo honre, que ande en sus caminos, que lo ame, que lo sirva, y que guarde su palabra.

miércoles, 12 de febrero de 2014

EN LA CASA DE MI PADRE


EN LA CASA DE MI PADRE “Una reflexión en el camino”
Por Guillermo Ávila

 


“No se turbe vuestro corazón, creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino” Juan 14:1-4
Eran momentos  de turbación en los discípulos, Jesús les venía anunciando acerca de su partida, de la necesidad de ir y morir en la cruz, pero para ellos,  que lo habían dejado todo por seguirle, eran momentos de decepción y turbación a pesar de la promesa de Jesús que no los dejaría solos, que les enviaría al Espíritu Santo, quién estaría con ellos, como él lo había estado durante más de tres años.

¿Dónde iba Jesús?
Claramente lo expresa, a la Casa de su Padre, y su deseo era que ellos también estuviesen con Él en ese lugar donde habían muchas moradas: Quiero que donde Yo estoy, vosotros también estéis”

Por esta causa, era necesaria su partida, para poder prepararles la posibilidad de que ellos también accedieran a ese Glorioso lugar: “Voy pues a preparar lugar para vosotros”
¿Quién necesitaba preparación? ¿Qué lugar se debía ordenar y limpiar adecuadamente? ¿El Cielo? ¿La Casa del Padre?

El Cielo, la Casa del Padre, es perfecta, es santa y es gloriosa. No necesita de ninguna reparación ni limpieza.
Nosotros, los seres humanos, necesitamos ser ordenados, limpiados y vestidos adecuadamente para acceder a ese maravillo lugar, Jesús reveló esa condición: “Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Más el enmudeció. Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes”

La Misión de Jesús era abrir el camino al Padre y preparar un pueblo santo para El.
Cristo por amor se entregaría en la cruz, para santificarnos, para purificarnos en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentarnos al Padre como un pueblo glorioso, que no tuviese manchas ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santo y sin mancha, porque Dios es Santo, Santo, y Santo.

Jesús  debía ir a la cruz, pues en ese lugar nos prepararía para acceder a las Moradas eternas.
Jesús en la cruz como cordero debía morir por nuestros pecados, y tomar sobre sí el castigo de nuestras transgresiones.

Es en la Cruz donde nuestros pecados fueron perdonados, nuestras almas fueron salvadas de su eterna condenación, en la cruz Cristo nos redimió, nos lavó por medio de su sangre y nos vistió adecuadamente para morar eternamente con Él junto a su Padre.
En ese acontecimiento el velo del templo se rasgó, y el camino al Padre quedó accesible para todos los hombres.

Dios le dio un visión al apóstol Juan de estas Moradas eternas, del Cielo, donde Dios tiene su trono y los redimidos por medio de la sangre del Cordero disfrutan de su gloriosa presencia: “Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y declaraban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero”
Jesús vino para llevarnos al Padre y para mostrarnos el camino.

“Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino”

Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?
Jesús dijo a Tomás y nos dice a nosotros hoy: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”

Al Padre no van los “buenos” pues todos somos pecadores y hemos sido por causa del pecado destituidos de su gloria.
Al Padre van los que han creído en el sacrificio de Cristo, y han sido lavados por medio de su sangre, reconociéndole y confesándole como el Señor de sus vidas.

“Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”
Esta es la palabra de fe que predicamos.

 

 

miércoles, 6 de noviembre de 2013

¡BASTA DE MIGAJAS!


¡BASTA DE MIGAJAS! “Una reflexión en el camino”
Por Guillermo Ávila

                                


“Cuando Jesús lo vio  allí acostado y se enteró del mucho tiempo que llevaba así (38 años), le preguntó: ¿QUIERES SER SANO?
El enfermo le contestó:
Señor, no tengo a nadie que me meta en el estanque cuando se remueve el agua. Cada vez que quiero meterme, otro lo hace primero.
Jesús le dijo:
¡LEVÁNTATE, TOMA TU CAMILLA, Y ANDA!
Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su camilla, y anduvo”

El “ESTANQUE DE BETESDA”  lugar donde ocurre esta historia,  se ubicaba en la parte trasera del Templo de Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, puerta de servicio usada para el ingreso de los animales para los sacrificios. Estos estanques se habían usado como  lavaderos de los animales, pero que al tiempo de Jesús  los sacerdotes del Templo,  los habían transformado en un lugar de “Migajas de misericordia” donde  multitud  de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que no tenían acceso por reglamentación sacerdotal al Templo, se ubicaban en  este maloliente e insalubre lugar sustentados por la  esperanza  de que “de vez en cuando” un ángel removiera sus aguas, y permitiera que uno de TODOS aquellos enfermos fuese sanado.

Estas discriminatorias decisiones humanas  tergiversan el  gran amor y la  buena voluntad de Dios frente a  las realidades humanas, creando estas instancias religiosas  de “migajas de misericordia” que solo acrecientan el dolor y la miseria humana, pervirtiendo la maravillosa imagen de Dios y transformándola para la gente, en la imagen de un Dios sin misericordia, discriminatorio y cruel.

Dios había diseñado y establecido “EL TEMPLO” como lugar de SU MORADA  en medio de su pueblo, para que TODOS sus hijos viniesen a adorar  trayendo sus ofrendas de gratitud, donde celebraran con alegría sus fiestas recordatorias del inmenso amor y cuidado  de Dios a  través de su historia.

Era un lugar para orar y entregar sus cargas.
Era un lugar para recibir  perdón y tomar nuevas fuerzas para la vida.
Era el lugar de comunión de Dios con su pueblo.

Los sacerdotes lo habían transformado en una cueva de ladrones y de mercado.

Los sacerdotes lo habían transformado en un  centro de poder político y religioso sobre la nación, un lugar  inaccesible para los pobres, ciegos, cojos paralíticos y enfermos.

“El celo de Dios” estaba sobre Jesús al visitar Jerusalén y su templo en una de sus fiestas, porque la alegría no alcanzaba a todos sus hijos, había una multitud que no disfrutaría de la fiesta en un lugar de dolor y sufrimiento, oculto a la vista de todos los visitantes de Jerusalén, el estanque de Betesda.

Jesús sensible al dolor humano, y consecuente a su misión en favor de los desvalidos y perdidos, cruza el templo atraído por los gemidos de dolor, de impotencia y frustración de aquella multitud de cojos, ciegos, enfermos y paralíticos, impedida de disfrutar de tantos beneficios y regalos de la vida y que debían conformarse con  “competir” por una migaja de misericordia, atribuida a un ángel que de “vez en cuando”  removía las aguas del estanque, para permitir  que solo UNO de toda aquella multitud fuese sanado.

Eso es lo que hace la “religión”, discrimina, desarrolla la competitividad por los beneficios de la fe, transforma la inagotable misericordia de Dios en actos de migajas de misericordia, manipulando la abundancia de los beneficios de la gracia de Dios, para los egoístas intereses de una elite dominante y abusiva.

Jesús vino a deshacer las obras del diablo, Jesús vino a sacar a luz y a manifestar las tinieblas, Jesús vino a salvar lo que estaba perdido.

“El Espíritu de Dios está sobre mí, fueron sus palabras. Me ha enviado Dios a dar buenas nuevas a los pobres, a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos, a dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos”

¿QUIERES SER SANO?

Quien ha vivido 38 años bajo un sistema religioso discriminatorio como este paralítico junto al estanque,  no puede concebir  en su mente tanta bondad y misericordia a su alcance, está bloqueada su mente  por las innumerables  experiencias frustradas,  sus oídos están atrofiados y contaminados por la incredulidad ante tantas injusticias vividas, que no puede  oír la PALABRA DE DIOS para su vida: ¿QUIERES SER SANO?

“Señor, no tengo quien meta en el estanque cuando se agita el agua, no tengo quien me ayude a arrastrarme por el suelo, cuando yo voy,  otro lo ha hecho primero”

No son similares sus argumentos a los nuestros, cuando viene  la PALABRA DE DIOS sobre nuestras acumuladas frustraciones e imposibilidades. Satanás y la vida han edificado fortalezas de incredulidad en nuestras mentes que nos impide creer.

¿Quieres un milagro?
¿Necesitas un milagro?

Jesús conoce tu dolor y viene a nuestro sufrimiento.

SU PALABRA, cual espada de dos filos en sus manos, cruza los umbrales del dolor, cruza los umbrales de la frustración y de la impotencia humana para tocar su espíritu:

¡LEVÁNTATE, TOMA TU CAMILLA, Y ANDA!

Tenía que sacar la vista de sí mismo, tenía que sacer los ojos de sus frustradas condiciones y ponerlas en la Palabra que Dios le estaba entregando.

¡LEVÁNTATE, TOMA TU CAMILLA, Y ANDA!

LA PALABRA abre su entendimiento, la palabra libera su imaginación para verse en nuevo tiempo, corriendo y realizando aquellas cosas que por 38 años nunca pudo hacer.

¡LEVÁNTATE, TOMA TU CAMILLA, Y ANDA!

Pudo sentir sus pies volviendo a la vida, pudo sentir el poder de la Palabra sobre su mente y sobre su cuerpo, y al instante se puso en pie, tomó su camilla y anduvo.

Es la PALABRA  de Dios para tu condición, ¡BASTA DE MIGAJAS!
He venido para darte vida y vida en abundancia:

¡LEVÁNTATE, TOMA TU CAMILLA, Y ANDA!
Hoy Dios cambia tu condición, hoy es el comienzo de un nuevo día:

¡LEVÁNTATE, TOMA TU CAMILLA, Y ANDA!

Por esta Palabra Dios rompe cadenas de dolor, rompe ligaduras de impiedad, derriba y deshace fortalezas mentales de incredulidad, vivifica tu espíritu, trae fe y aliento para tu corazón.

¡LEVÁNTATE, TOMA TU CAMILLA, Y ANDA!

“BASTA DE MIGAJAS”

 

 

 

miércoles, 30 de octubre de 2013

HIJOS CON PROPÓSITO

HIJOS CON PROPÓSITO "Una reflexion en el camino"
Por Guillermo Avila




Lamentablemente hoy nacen muchos hijos sobre esta tierra sin un propósito definido para sus vidas. Muchos de ellos fueron gestados sin amor, sin ninguna planificación, sin fe y sin esperanza. Tal vez fue el fruto lamentable de una violación, de un enamoramiento ciego e irresponsable, de la inmadurez de la adolescencia, de una reacción de rebeldía, por egoísmo, por envidias, celos, un capricho o simplemente porque quedó embarazada.

Estos hijos en su mayoría crecerán sin propósito en la vida, cargando en sus inocentes corazones las frustraciones, resentimientos o insatisfacciones de sus propios padres, las que sin duda, se irán acrecentando en el trascurso de sus vidas, sobrellevando traumas psicológicos, problemas de adaptación, de personalidad, inseguridad, complejos, agresividad, esquizofrenias, etc.

Una vez escuché la expresión de un hombre cargado de violencia, odio y resentimiento: “Soy así por VENGANZA, venganza por haber nacido”

¿Cómo hemos podido alejarnos tanto del maravilloso propósito divino para la gestación de los hijos?

¿Cómo el pecado y nuestra desobediencia pueden robarnos tanta bendición?

Si Dios creó al hombre y le construyó una HERMOSA CASA en un HUERTO, rodeada de preciosos árboles, de todas las especies, variadas plantas y todo tipo de flores, hermosas aves, animales, ríos, etc.
Los creó en amor para su placer, les dio su imagen, les compartió su amistad y compañía, los bendijo para que fructificaran y se multiplicaran bajo su protección y bendición sobre esta tierra, hasta llenarlo todo del conocimiento de la gloria de Dios, como las aguas cubren el mar.

"Los hijos son herencia de Jehová, cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud” “Bienaventurado el que llenó su aljaba con ellos; no será avergonzado cuando hablare con los enemigos en la puerta” “Los hijos son como plantas de olivos alrededor de su mesa” Son su defensa ante cualquier juicio o acusación. Es el fruto de todo varón que teme a Jehová.

ES LA PROPUESTA DEL REINO DE DIOS PARA EDIFICAR UNA SOCIEDAD SANA Y BENDECIDA: “HIJOS CON PROPÓSITO”

Los hijos necesitan saber y conocer la revelación del Propósito de Dios para sus vidas, el por qué y para qué de su existencia sobre esta tierra.

Los hijos necesitan padres comprometidos con el Reino de Dios, conocedores de su Propósito, para su familia y formación de sus hijos.

Padres que revelen a sus hijos: “Que son herencia de Jehová, que Dios los entretejió en el vientre materno, y que ha determinado un destino y propósito para sus vidas, que no necesitan vagar en oscuridad buscando descubrir por si mismos una razón para vivir”

Los hijos necesitan saber que Dios les ha amado desde antes de la fundación del mundo, que su amor es eterno e incondicional, independiente a sus errores y debilidades en el desarrollo de sus vidas.

Los hijos necesitan crecer junto a padres que les amen como Dios les ha amado en Cristo, padres que revelarán la maravillosa paternidad de Dios, paternidad que les acompañará durante toda la vida y por toda la eternidad.

Los hijos necesitan crecer en una familia con padres fieles, honestos, que hablen verdad, que no sean iracundos ni soberbios, que sean hospedadores, justos, amantes de lo bueno, dueños de sí mismos, sin vicios que deshonren su integridad.
Padres obedientes, sumisos y humildes, de quienes aprenderán la obediencia y la humildad.

Los hijos necesitan crecer junto a padres que se aman, que se respetan, que les entregan juntos una cobertura de amor, afecto, corrección, disciplina y amonestación del Señor, para verles crecer sanos física, emocional, y espiritualmente.

Los hijos necesitan saber que Dios los ha provisto de dones y gracia, que deben descubrir y desarrollar en sus vidas para poner al servicio de su Propósito y de los demás.

Los hijos necesitan crecer en una familia unida, junto a otros hermanos con quienes aprendan a compartir, a amar, a negarse asimismo, a pedir perdón, a servir y a respetar a los demás.

Los hijos necesitan crecer en un contexto de pueblo de Dios, constituido por hombres y mujeres que lo confiesan como Señor, que le aman y que viven bajo su temor, que se respetan, se honran los unos a los otros, comparten con sencillez de corazón sus alegrías y tristezas, y sobrellevando las cargas los unos con los otros.

Los hijos necesitan crecer en un contexto social para aprender la misericordia, la solidaridad, la tolerancia y la generosidad, donde puedan expresar la vida de Dios, dar testimonio de su amor y colaborar con la restauración de su Propósito Eterno sobre esta tierra.

HIJOS CON PROPÓSITO

lunes, 21 de octubre de 2013

ENSEÑANOS A CONTAR NUESTROS DÍAS


ENSEÑANOS  A CONTAR  NUESTROS DÍAS “Una reflexión en el camino”
Por Guillermo Ávila

“Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestra mente alcance  sabiduría” Salmo 90:12
Estas palabras corresponden a Moisés, meditadas tal vez cerca de cumplir sus ochenta años en medio del desierto, al ver que sus sueños, anhelos y esperanzas iban muriendo  juntamente con él.  “Setenta son los años que vivimos; los más fuertes llegan hasta ochenta; pero el orgullo de vivir tanto solo trae molestias y trabajo. ¡Los años pasan pronto; lo mismo que nosotros!”

Eran sus palabras previas al escribir  nuestro texto “Ensénanos a contar bien nuestros días, para que nuestra mente alcance sabiduría”
Quienes conocemos su historia, sabemos que realmente Moisés comenzaría  a vivir y  a escribir su historia delante de Dios, recién a sus ochenta años, cuando Dios se le revelaría  desde aquella zarza ardiendo en medio del desierto, y sería llamado a la gloriosa misión de rescatar a su pueblo de la esclavitud de Egipto, y  guiarlos por cuarenta años a través del desierto a la conquista de la Tierra Prometida por Dios a Abraham y a su descendencia, lugar donde Dios los establecerá como testimonio para todas las naciones.

Muy poco  o nada sabemos de esos cuarenta años de Moisés en el desierto, son un paréntesis en su vida, importantes sin duda para su formación, pero intrascendentes en la historia que Dios escribiría con él junto a su pueblo.
Un paréntesis fue también en la historia de su pueblo  esos treinta y ocho años de más en el desierto, donde toda esa generación moriría sin entrar en la Tierra Prometida, solo Josué y Caleb escribirían sus nombres en la historia que Dios escribiría de su pueblo.

La manera en que los hombres cuentas sus días sobre esta tierra, son distintos a como Dios los cuenta desde el cielo. Nuestra historia terrenal, nuestros  planes, proyectos y sueños cumplidos o no cumplidos, pudiesen ser significativos a los ojos humanos, pero intrascendentes a los ojos de Dios.
Podrás  ser un profesional exitoso,  un empresario próspero y emprendedor, haber alcanzado numerosas metas y logros en el reconocimiento humano, pero delante de Dios estar muerto y sin historia para Él, y con tristeza, y vergüenza, por no tener ya otra oportunidad,  te presentarás delante del tribunal de Cristo  desnudo, y sin ningún haber  como fruto de la multiforme gracia concedida por tu creador para tu desarrollo, y servicio a Él en tu paso terrenal.

La historia del hombre delante de Dios comienza con su “nuevo nacimiento”. Necesitas  nacer de nuevo para ver y entrar en la historia de Dios sobre esta tierra.
Lo que es nacido de la carne, carne es. Necesitamos nacer del Espíritu de Dios, para comenzar a vivir para Dios.
Es ese día, que somos inscritos en el registro civil celestial, en el Libro de la Vida, en la Historia Eterna de Dios.

Desde ese día empezamos a escribir nuestra historia delante de sus ojos, y los años  de nuestro crecimiento y desarrollo, no se contarán  a la manera de los hombres  según su calendario.
Podrás tener 15, 20 o 30 años calendario desde tu nuevo nacimiento, y ser solo un bebé delante de Él,  sin ningún fruto de tu vida cristiana para presentarte delante de su Tribunal.

Nuestros años se cuentan conforme a nuestro crecimiento, madures, y servicio espiritual delante de Dios.
Es sorprendente  encontrar en las Escrituras periodos de tiempo que no son contabilizados de parte de Dios en la historia con su pueblo (también en lo individual),  aparecen como  años  perdidos, de oscuridad, donde su pueblo por su desobediencia estuvo sometido a otras naciones y pueblos, no escribiendo ni contribuyendo en nada a la historia de Dios sobre esta tierra.

Como el largo periodo de años de oscuridad intertestamentario,  antes de la encarnación del Hijo de Dios.
Así también nuestros años  separados de Él, muertos en delitos y pecados, no cuentan delante de sus ojos,  porque estábamos muertos para Él.

Así también nuestros años como hijos en desobediencia, apartados de su paternidad,  no formarán parte de nuestra historia en  Él.
Si no “naces de nuevo”  del Espíritu de Dios, estarás muerto para Dios por toda la eternidad.
¿Qué historia estás escribiendo delante de Dios?

“Enséñanos a contar nuestros años ” de tal modo que traigamos al corazón sabiduría.
“Enséñanos a contar nuestros años ” para escribir nuestra historia delante de Dios.

Amigo(a) y hermano(a):
En Cristo hay esperanza y  podemos  revertir nuestra historia humana, y escribir una que trascienda delante de Él, debemos arrepentirnos,  y con  humildad volvernos al Señor, y volver a nacer para Él.

“Yo les compensaré a ustedes los años que perdieron a causa de la plaga de langostas, de ese ejército destructor que envié en contra de ustedes a causa de vuestra desobediencia”
El Señor restituirá y restaurará los años perdidos, traerá con ello bendición sobre tu vida, y  marcará una descendencia que escriba su  historia delante de  Él.

“ENSÉÑANOS A CONTAR NUESTROS DIAS”