REFLEXIONES EN EL CAMINO

miércoles, 23 de julio de 2014

SERVICIO SIN DEVOCIÓN LLEVA A LA TURBACIÓN

SERVICIO SIN DEVOCIÓN LLEVA A LA TURBACIÓN “Una reflexión en el camino”
Por Guillermo Ávila



“Marta, Marta, afana y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” Lucas 10:41,42

 No es difícil encontrarse confundido y turbado en momentos de la vida, cuando te esfuerzas y tratas de hacer las cosas de la mejor manera y ...no encuentras satisfacción, solo frustración.

 Son momentos donde no sabes que hacer y a qué recurrir, si duplicar tus esfuerzos en el servicio o abandonarlo todo.

 Son momentos, aunque no lo expreses externamente, tu mente se llena de emociones y pensamientos negativos, que si no haces algo pronto, estos buscarán aflorar en la manifestación de un carácter violento y agresivo, o te llevarán a tomar decisiones equivocadas que luego lamentarás.

 ¿Te has sentido así?

 Más terrible es cuando tu esfuerzo ha sido orientado al bien y parece que cosechas mal, somos invadidos por un sentimiento de injusticia y abandono.

 Aún los más grandes profetas de Dios lo experimentaron:
Isaías en su frustración: “Por demás he trabajado, en vano y sin provecho he consumido mis fuerzas”
Elías turbado en su servicio a Dios: “Basta ya, oh Jehová quítame la vida, pues no soy mejor que mis padres”
Pablo impotente ante un aguijón en su carne, mensajero de satanás: “Tres veces he rogado que Dios lo quite de mí y nada”

Amigo(a) y hermano(a):

 El servicio sin devoción lleva inevitablemente a la turbación.

 Jesús dijo que sin Él, NADA PODIAMOS HACER, es verdad, y lo comprobarás una y otra vez en tu vida, que separados de Él nos secamos, perdemos la vitalidad, perdemos el entusiasmo en servir, porque somos pámpanos y no tenemos vida en nosotros mismos.
Entusiasmo: Palabra de origen griego “enthusiasmos” que implica un fervor o pasión inspirada por la divinidad.
No hay entusiasmo si no estás en Dios, Él es la fuente de inspiración y fervor para servir.

 Tu devoción, es tu comunión con Dios, es tu relación íntima diaria y permanente que traspasa la vida de Dios dentro de tu ser, que traspasa la fe de Dios dentro de ti.
YO estaré en vosotros y con vosotros todos los días.

 La comunión de ayer no te sirve para hoy, la inspiración de ayer no te sustentará hoy ni mañana.

 Como Marta tu servicio se transformará en turbación: “Marta turbada estás con muchas cosas”
No debemos permitir que el servicio nos robe la devoción, la devoción es la fuente de nuestra inspiración: “María ha escogido la mejor parte y no le será quitada”

El Señor te anhela a ti y no tu servicio. Sólo acepta un servicio que nace de Él y se sustenta en Él.

 ¿Qué hacer en medio de nuestra turbación?

 Escoge la buena parte, echa toda tu ansiedad sobre Él, derrama tus cargas y frustraciones a sus pies y descubrirás que no es el servicio lo que llena tu alma de satisfacción, sino que descubrirás que Él es la FUENTE DE TU VIDA, entonces desde ese día escogerás la buena parte y jamás te será quitada por la eternidad.
EL SERVICIO SIN DEVOCIÓN LLEVA A LA TURBACIÓN.

jueves, 26 de junio de 2014

DIOS HA VISTO MI AFLICCIÓN


“DIOS HA VISTO MI AFLICCIÓN” Una reflexión en el camino
Por Guillermo Ávila
                                      
“Como Agar había hablado con el Señor, le llamó “EL DIOS QUE VE”, pues decía: ¡DIOS ME HA VISTO Y TODAVÍA ESTOY VIVA! Génesis 16:13
Para alguien que ha nacido en esclavitud como esta mujer de nombre Agar, egipcia, que ha sufrido la humillación de por vida por decisiones de otros, imposibilitada de formar una familia, de alcanzar una proyección personal, y sin poder humanamente cambiar su destino, ¿Podría alguien convencerle de que Dios le ama?  ¿De que Dios le conoce porque ha visto su dolor, y que quiere cambiar el destino de su vida?

Las injusticias de la vida, la esclavitud, el maltrato, la humillación, dejan heridas y huellas imborrables en el corazón humano, que solo Dios puede borrar y sanar.
Agar sufriría las consecuencias de la inmadurez de la fe de un hombre de Dios como Abram, a quien Dios había llamado para bendecirle y ser de bendición a los demás, pero en esta oportunidad, como en otras en el proceso de su crecimiento espiritual de su vida, traería dolor y decepción en esta mujer que vivía en su casa como esclava, al servicio de su esposa Sarai.

Agar representa a tantos hermanos, trabajadores, e hijos, que quedan heridos y dañados en su proceso de crecimiento y desarrollo, por liderazgos inmaduros de padres, empleadores y pastores,  que apresuradamente toman decisiones pensando más bien en el beneficio personal que en  procurar honrar a Dios, y bendecir la edificación de quienes están  bajo su responsabilidad.
Sin importar muchas veces el daño y la desilusión que dejan por el camino.

Que inspirador es el liderazgo de Jesús y su madurez espiritual, a pesar de sus 33 años, quien dispone su vida como ofrenda al Padre en una cruz, para honrar su llamado, y restaurar en el hombre la bendición de Dios. ¡Bendito sea su nombre!

Dios había prometido a Abram un hijo, una descendencia, pero ni él, ni su esposa tenían la fe para confiar y esperar en Dios el cumplimiento de esa promesa.
La presión social y cultural era más fuerte en Sarai que su esperanza en la promesa de Dios. Ella presionó a Abram su esposo para que se allegara a Agar, su esclava, según la costumbre de su época concibiera un hijo, y ella lo asumiera como propio.

Abram como muchos esposos, no pudo sostener su sacerdocio delante de Dios y de su mujer, y cedió a la presión de ella, como cedió Adán ante Eva para comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, trayendo sobre su casa las consecuencias del pecado.
Se desató un triste conflicto familiar.

Agar comenzó a mirar con desprecio a  Sarai su ama por su embarazo, por el cual no fue consultada ni se le pidió su opinión, como esclava tuvo que disponerse a la voluntad y decisión de sus patrones, que no tuvieron fe ni confianza para esperar en la promesa de Dios.
¿Te imaginas cuantos pensamientos pasarían por la cabeza de Agar?

¿Cómo cuántos pensamientos pasarán por la mente de un niño, de una mujer o un varón que es pisoteado y maltratado en los derechos fundamentales de la vida?
El resentimiento y la rebeldía es el primer fruto de la opresión. Dios no creó al hombre para la esclavitud, ni el maltrato, Dios nos creó para vivir en familia, en respeto y en amor, y ese contexto y condición solo lo puede generar la presencia y el gobierno de Dios.

Sarai enrostró a Abram la culpa del conflicto familiar: ¡Tú tienes la culpa de que Agar me desprecie! Yo misma te la di por mujer y ahora que está embarazada se cree más que yo.
A lo que Abram contestó: Mira, tu esclava está en tus manos; haz con ella lo que mejor te parezca.

El hombre no ha cambiado, al igual que Adán y Eva, somos especialistas para culpar a los demás y lavarnos las manos como Pilato, para  no asumir nuestra responsabilidad en los hechos de la vida.
Ante esta actitud, el hombre está condenado a sufrir en plenitud las consecuencias de sus pecados.

Ante el maltrato angustiante de Sarai, Agar con un hijo en su vientre, sola y desesperada se ve obligada a huir al desierto para salvar su vida, pensando en huir a Egipto, su tierra natal.
Atrás quedaba la decepción de una pareja en conflicto, frustrada y decepcionada por no confiar y esperar en las promesas de Dios.

Por el camino al desierto una mujer, Agar, por un camino incierto, sin propósito, en abandono y  soledad.
Sin hogar, sin recursos, sin un esposo que le defendiera, en confusión y oscuridad espiritual, con un bebé en su vientre, en medio del desierto ¿Qué  podía esperar?

Agar en cinta caminó sin rumbo por el desierto, sin más humedad en sus labios que sus propias lágrimas, hasta llegar a un pozo, donde se detuvo para mitigar su sed y no morir, y como aquella hermosa historia ocurrida junto al pozo de Jacob, donde otra  mujer, también maltratada por la sociedad y por la vida, LA MUJER SAMARITANA, encontró junto al pozo, EL VERDADERO POZO que mitigó su sed espiritual y cambió su destino, encontró a aquel que le dijo: “Todos los que beben de esta agua, volverán a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, nunca volverá a tener sed. Porque el agua que yo le daré se convertirá en él en manantial de agua que brotará dándole vida eterna” encontró a Jesús, LA FUENTE AGUA VIVA, que sacia la sed del alma de todo aquel que bebe de ella, que le entrega un propósito a su vida,  que restaura en él  la esperanza de vivir, de amar y de servir a Dios y a los demás, a pesar de todo lo que haya vivido.

Es Jesús que todo lo sabe, que todo lo ve, aunque le hayamos ignorado y hayamos sufrido los errores de  vivir lejos de él. El Dios que nos ve, por nuestro propio nombre nos llamará: María, Juan, Pablo, Miguel, Francisca,… ¡Ven y sígueme!
¡Agar! ¡Agar! Esclava de Sarai, ¿de dónde vienes, y a dónde vas?

Escuchar tu nombre de los labios de Dios, la voz de su Espíritu dentro de ti, es una revelación maravillosa, sanadora, liberadora, vivificante para el alma y el espíritu. Son vida, son Espíritu, es el consuelo que buscas, y es la respuesta a todas a tus interrogantes que no han tenido respuestas.
Ante esa revelación, no hay excusa, no hay justificación, debemos descubrir ante él nuestro corazón.

“Estoy huyendo de mi señora Sarai” contestó ella. Esa era su verdad.
Entonces el ángel del Señor le dijo: ¡Regresa al lado de tu señora y obedécela en todo!

Sin la revelación de Dios al corazón, esa sugerencia parece estúpida, absurda, e irracional.
¿Cómo Dios querrá que regrese a un contexto que me ha producido tanto dolor, maltrato, y angustia, del cual estoy huyendo?

¿Cómo Dios querrá refregarme en mi dolor?
Amigo(a) y hermano(a):

Esta es una prueba del “poder” de la revelación de Dios en el corazón humano.
Esta es una prueba de la obra y del poder del Espíritu Santo en el corazón de los hombres.

Tú necesitas en medio de tu oscuridad, de tu desierto, de tu dolor, de tus temores, la revelación del “Dios que te ve” sobre tu vida. Porque la revelación muda, transforma y libera el corazón del hombre, pero debes invocarle en tus angustias, debes anhelar que él socorra tu alma.
¡Clama a mí dice el Señor! Y Yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.

Si has vivido sin mí tu dolor, si has sobrellevado tus angustias sin mí, ¿Cómo puedo consolarte? Dice el Señor.
Su presencia trae descanso y paz, quita el temor e imparte fe y esperanza.

Dios todo lo ve, Dios todo lo sabe, no necesitaba una ecografía con Agar:
¡Agar! estás en cinta y tendrás un hijo, y le pondrás por nombre Ismael, que significa “Dios oye” porque Dios escuchó tu aflicción.

¡Agar! Aumentaré tantos tus descendientes, que nadie los podrá contar.
Agar regresaría con una revelación del Dios de Abram, y con una razón para seguir viviendo, un hijo y una descendencia.

“Dios me ha visto y todavía estoy viva” sería su testimonio.

DIOS HA VISTO MI AFLICCIÓN.

sábado, 21 de junio de 2014

CRÓNICA DE UNA CAÍDA ANUNCIADA


CRÓNICA DE UNA CAÍDA ANUNCIADA
“Una reflexión en el camino”
Por Guillermo Ávila
 
“Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu. Mejor es humillar el espíritu con los humildes que repartir despojos con los soberbios” Prov. 16:18,19
Sin duda, Dios diseñó al hombre para que viviese sobre esta tierra bendecido, engrandecido y exaltado por Él, así se lo declaró en un principio: “Lo bendijo Dios, y le dijo: Fructificad, multiplicaos y señoread sobre todo lo creado”
El pecado nos hace creer que tal objetivo realmente lo podremos alcanzar por nosotros mismos, las Escrituras nos reseñan muchos ejemplos de cómo el hombre intenta frustradamente alcanzar este objetivo, sufriendo en sí mismo las consecuencias de su actitud errada.
Así vemos el ejemplo de un gran emperador babilónico, Nabucodonosor, quién alcanzó ribetes gloriosos de sus hazañas conquistadoras, de su poder y de su esplendor económico.
Dios en su misericordia le revela su condición espiritual y moral, con el propósito de evitarle su caída y sufrimiento, por boca del profeta Daniel: “Por tanto, oh rey, acepta mi consejo: tus pecados redime con justicia, y tus iniquidades haciendo misericordia para con los oprimidos, pues tal vez será eso una prolongación de tu tranquilidad”
Nabucodonosor era el rey,  poderoso emperador sobre la tierra, que difícilmente aceptaría un consejo, es el mayor peligro de quienes alcanzan fama y poder sobre esta tierra, atribuyéndolo a su inteligencia y capacidad.
Así se desarrollaron los acontecimientos: “Al cabo de doce meses, paseando en el palacio real de Babilonia, habló el rey y dijo: ¿No es ésta la gran babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad? Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando vino una voz del cielo: A ti se te dice, rey Nabucodonosor: El reino ha sido quitado de ti; y de entre los hombres te arrojarán, y con las bestias del campo será tu habitación, y como los bueyes te apacentarán; siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el ALTÍSIMO tiene el dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien él quiere. En la misma hora se cumplió la palabra sobre Nabucodonosor, y fue echado de entre los hombres; y comía hierba como los bueyes, y su cuerpo se mojaba con el rocío del cielo, hasta que su pelo creció como plumas de águila, y su uña como la de las aves”
La soberbia y la altivez en el corazón de los hombres, no hace acepción de persona, derribará al más grande o al más chico,  y no habrá quién pueda impedirlo. Dios gobierna sobre el dominio de los hombres.
Así tendría que confesarlo Nabucodonosor: “Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al ALTÍSIMO, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades. Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?
En el mismo tiempo mi razón me fue devuelta, y la majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí, y mis gobernadores y mis consejeros me buscaron; y fui restablecido en mi reino, y mayor grandeza me fue añadida. Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia”
¿Si Dios cambió a un hombre tan soberbio, violento y sanguinario, representativo de un imperio antagónico al Reino de Dios, no podrá cambiar tu corazón para evitarte el mal que sobre ti se avecina? ¿Y transformar tu vida como a Nabucodonosor, en un hombre con sabiduría y consejo divino en sus labios?
O como Pablo, de un perseguidor de los cristianos a un edificador de la vida de los creyentes, quien nos declara:
¿Quién eres tú para que alterques con Dios? Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso de honra y otro de deshonra?
Dios resiste a los soberbios pero da gracia a los humildes.
Dios es alto y sublime, mora en las alturas y en la santidad, pero desciende y hace habitación en el humilde de espíritu.
¿Por qué esperar a que la vida y nuestras circunstancias nos humillen, y no humillar nuestro corazón voluntariamente delante de Dios?
¿Por qué no reconocer nuestra ceguera y falta de entendimiento antes de vivir desgracias mayores como Job, de quien vienen estas palabras? :
“Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti. ¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento?
Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía.
Oye, te ruego, y hablaré; Te preguntaré, y tú me enseñarás.
De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza. 

Fue la actitud de Nabucodonosor, de Pablo y de Job: ¿Cuál será la nuestra? 

“Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes  de la caída la altivez de espíritu.
Mejor es humillar el espíritu con los humildes que repartir despojos con los soberbios”
“Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, serás salvo”

sábado, 19 de abril de 2014

DOS MALES RECLAMA DIOS


DOS MALES RECLAMA DIOS  “Una reflexión en el camino”
Por Guillermo Ávila
 

“Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, FUENTE DE AGUA VIVA, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen  agua” Jeremías 2:13

Son las Palabras de Dios por medio del profeta Jeremías a su pueblo Israel, diagnosticando correctamente su condición moral y espiritual, y anunciándoles las consecuencias que les traerá sobre esta tierra.

A no mediar un cambio de actitud y una correcta  decisión, el cautiverio babilónico sería inminente, una de las experiencias  más dolorosa y desastrosa, vivida por Israel como nación en  su larga historia.

No hay dudas del intento de Dios para evitarles esta dolorosa experiencia: “Anda y clama a los oídos de Jerusalén, diciendo: Así dice Jehová: Me he acordado de ti, de la fidelidad de tu juventud, del amor de tu desposorio, cuando andabas en pos de mí en el desierto, en tierra no sembrada. Santo era Israel a Jehová, primicias de sus nuevos frutos”

Sus pensamientos, son pensamiento de bien y no de mal, son de salvación para su pueblo.

Las causas y el origen del sufrimiento humano no nacen en Dios, su naturaleza es amor, y es así como el profeta les anuncia:

“Tu maldad te castigará, y tus rebeldías te condenarán; sabe pues; y ve cuan malo y amargo es el haber dejado tú a Jehová tu Dios, y faltar mi temor en ti, dice el Señor, Jehová de los ejércitos”

Dios es FUENTE DE BIEN, ES  FUENTE DE AGUA VIVA  para los hombres, para todas las familias y para todas las naciones de la tierra.

Es tu maldad la que te castigará, es tu rebeldía la que te condenará.

“Los cautiverios dolorosos” en nuestras vidas se originan dentro de nosotros y no en Dios, se originan cuando abrimos nuestro corazón al mal y a la rebeldía, decisión que nos llevará  a comer lo malo y  lo amargo de la vida.

Esa fue la triste experiencia de Judas, a quien Jesús llamó su amigo, quién permitió que satanás entrara en su corazón.

Esa fue también la experiencia de aquel hijo que decidió  irse de su casa, y malgastar toda su herencia. Su decisión lo expuso al mal, a la humillación,  al dolor y a la amargura de la experiencia  lejos de su hogar.

El amor del Padre nunca estuvo en juego, su amor siempre fue mayor que sus malas decisiones y del malgaste de los recursos heredados. El amor del padre siempre estuvo con los brazos abiertos para acogerlo, perdonarlo y restaurarlo bajo la sombra de su amparo.

El mundo entero está bajo el maligno y sus huestes de maldad que operan permanentemente, habitar bajo el altísimo, es morar bajo la sombra del omnipotente, es verdadero refugio y bendición para todos quienes se refugian en Él.

El alejarnos de Dios y apartarnos de su temor, es exponernos a las influencias de maldad, a la vergüenza, y a la humillación. Es entregarnos al “cautiverio”

Dios fue claro en su diagnóstico: “ME DEJARON A MI, FUENTE DE AGUA VIVA”

Si el diagnóstico es claro, también debe ser claro el tratamiento, para garantizar una plena restauración.

Reconocerlo, y volverse al Señor es un camino probado a través de la historia, es lo que las Escrituras definen como “ARREPENTIMIENTO” “VOLVER EN SÍ”

Es lo que hizo el hijo pródigo y fue restaurado, fue lo que no hizo Judas y terminó ahorcado.

Era el camino que Dios esperaba de su pueblo,    que enderezaran su senda, para restaurarles y evitarles el sufrimiento del cautiverio.

Así lo describe el profeta:
“¿Qué tienes en el camino de Egipto, para que bebas aguas del Nilo?” y
“¿Qué tienes tú en el camino de Asiria, para que bebas aguas del Éufrates?”

¿No te soy Yo verdadera FUENTE DE AGUA VIVA? Es el reclamo de Dios.

¿Por qué has decidido cavar para ti cisternas propias, cisternas que no retienen agua?
¿No te soy Yo mejor que el agua de Egipto, o mejor que el agua de Asiria?

Israel decidió refugiarse en Egipto y fue defraudado y quebrantado.
Israel decidió refugiarse en Asiria y terminó en cautiverio.

Amigo(a) y hermano(a):
No basta un buen diagnóstico, el tratamiento debe ser el adecuado: ¿Qué decisión tomarás  a las puertas de un cautiverio? ¿Esperarás estarlo para reaccionar, con el peligro de que sea demasiado tarde?
Dos males reclama Dios sobre las naciones:
 
“Me dejaron a mí, FUENTE DE AGUA VIVA, y
CAVARON PARA SÍ cisternas rotas, que no retiene agua”

lunes, 17 de marzo de 2014

¡ACTIVA TU BENDICIÓN!

UNA REFLEXIÓN EN EL CAMINO  ¡Activa tu bendición!
Por Guillermo Ávila



“Cuando venga el Hijo del hombre, ¿Hallará fe en la tierra?” Lucas 18:8

¿Cómo hallar fe sobre esta tierra en medio de tanta injustica, violencia e inmoralidad?
¿Cómo encontrar fe sobre esta tierra en medio de tantos desastres naturales, como sequías, tormentas, terremotos e inundaciones?

Vivimos en medio de una sociedad llena de conflictos, conflictos de relaciones, pleitos, guerras, divorcios, etc. Conflictos por infidelidad, deslealtad, hijos rebeldes, embarazos a destiempo, enfermedades y accidentes que frustran en un solo momento los sueños de una vida, y nos confrontan al dolor, la angustia y el poder inminente de la muerte.
Despertamos cada día y las noticias nos recuerdan la profunda crisis moral, social y económica en que vivimos, donde aún los más destacados personajes públicos decepcionan y frustran los anhelos de los pueblos, se corrompen contradiciendo sus propios discursos.

En medio de esta triste realidad abundan los mensajes de terror, que recalcan  nuestras tragedias, nuestras desesperanzas, y nos hunden más y más en nuestra desesperación, desplegando una densa oscuridad que nos impiden ver EL CIELO que nunca ha cambiado de lugar, o ver EL SOL que nunca ha dejado de brillar.

No serán los hombres, ni con su inteligencia,  su sabiduría y tecnología que abrirán sobre la humanidad LOS CIELOS  para activar sobre nosotros LA BENDICIÓN DE DIOS.

Es Dios mismo quién irrumpirá como un relámpago con los rayos de su luz, quién alumbrará  nuestro camino, para impartir fe y esperanza a nuestra pobre realidad.

Es Dios mismo quien abrirá sendas donde no las hay, quién hará florecer nuestros desiertos alumbrándonos en  medio de nuestra oscuridad.
Es Dios mismo quién aún de entre el polvo y la adversidad, descubrirá el alma sedienta, impartiéndole su vida para elevar UN CLAMOR y UNA ORACIÓN en nuestra desesperación.

Parece tan sencillo, es sólo UN CLAMOR en medio de nuestra aflicción, que nos traerá respiro y liberación. ¡CLAMA A MÍ, Y YO TE RESPONDERÉ!

¿Qué nos impide activar su bendición?
¿Qué nos impide elevar al cielo nuestro Clamor?

Es nuestro orgullo, es nuestra soberbia, es la altivez de nuestro espíritu, lo que endurece la mente y el corazón, estructurando pensamientos y mil razones que justifican nuestra posición.
Dios resiste la soberbia, cierra los cielos y nos aleja de su bendición.

Dios NO ESCUCHA  nuestras quejas, solo escucha la oración.

NUESTRA NECESIDAD  no es lo que activa su bendición, ni nuestras  LÁGRIMAS en sí tocarán su corazón, es LA FE, la fe expresada en un CLAMOR lo que activará su bendición: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!
LA FE,  que viene por el oír, el oír LA PALABRA de Dios.

¡Hijos oíd mi PALABRA!
¡Poned atención a mi consejo!
¡Oye, Israel!
“Cuidarás de poner por obra mi Palabra y vivirás, te multiplicarás y poseerás sobre la tierra mi bendición”
“Cuidarás de no olvidarte de obedecer mi Palabra, no sea que te enorgullezcas y digas en tu corazón: Fue mi poder y la fuerza de mi mano que me ha traído todo esta bendición”

¿No es común en el hombre atribuirse el bien a su esfuerzo y a su trabajo?
¿No es común en el hombre atribuirle a Dios nuestro mal?

Es la desobediencia a su Palabra, es el vivir lejos de Dios lo que ha originado sobre nosotros todo tipo de mal.

¡Hijos, oíd! el consejo de Dios:

“Más si en tu aflicción te vuelves a mí, te HUMILLAS y CLAMAS, entonces yo OIRÉ desde los cielos, perdonaré tus pecados y sanaré tu tierra”

Dios habló a Moisés en el desierto: “He visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su CLAMOR a causa de sus opresores; pues he conocido sus angustias, y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a una tierra que fluye leche y miel, donde yo los bendeciré”

Dios no solo anhela sacarnos de nuestras aflicciones, sino que él anhela introducirnos en SU BENDICIÓN.

No creas  a las mentiras de Satanás; Dios no quiere tu destrucción, Dios no busca nuestro mal, Dios quiere que vivamos siempre bajo SU BENDICIÓN.
En la cruz nos demostró su amor, murió, resucitó para darnos la salvación, pero no te detengas solo en la salvación, Jesús quiere que avances, que te introduzcas y poseas LA TIERRA  de su provisión.

¿Qué sentido tendría salvarnos de la esclavitud de Egipto para llevarnos a morir en el desierto?

El desierto no es el fin, el desierto es un paso necesario, nos permite conocerle, aprender a oír su voz, a agradecer su salvación, aprender a amarle, a obedecerle, a servirle, a adorarle y a seguirle para ENTRAR y POSEER LA TIERRA, que es Cristo, la plenitud de la bendición de Dios.

Pedro y Judas fueron dos discípulos del Señor, y como muchos de nosotros buscaron en Él su libertad y salvación.
Vaciarse de sí mismos y despojarse de una mentalidad de esclavitud, siempre será la mayor dificultad.
Judas no lo pudo soportar y no pudo su alma humillar, murió en su desierto sin experimentar su libertad.
Pedro confrontó la miseria de su alma, y aunque una noche amarga tuvo que pasar, vino un nuevo amanecer y su salvación pudo alcanzar.

Amigo(a) y hermano(a):

Deja que su luz alumbre tu oscuridad, y aunque en el polvo de la desesperanza te encuentres, o en el más profundo pantano de tu vida, su Espíritu te impartirá FE, FE que hará brotar UN CLAMOR, un clamor que tocará su corazón y activará tu bendición.

Es una FE viva, expresada en un CLAMOR, lo que activa su bendición,
¡ACTIVA TU BENDICIÓN!

sábado, 15 de febrero de 2014

¿QUÉ ESPERA DIOS DE MÍ?


¿QUÉ ESPERA DIOS DE MÍ? “Una reflexión en el camino”
Por Guillermo Ávila


“¿Qué pide el Señor de ustedes? Solamente que lo honren y sigan todos sus caminos; que lo amen y lo adoren con todo el corazón y con toda su alma, y que cumplan sus mandamientos y sus leyes, para que les vaya bien” Deuteronomio 10:12
Todos los seres humanos, en toda su historia, han buscado agradar y satisfacer el corazón de Dios, en su ignorancia, su búsqueda le ha producido muchas frustraciones y  decepciones, porque Dios no es tan tangible, no se adecua a nuestros planes o pensamientos, él es Dios y lo seguirá siendo por toda la eternidad.

Aunque Dios declara en su palabra que sus pensamientos para los hombres son de bien y no de mal, los hombres muchas veces en nuestra nublada interpretación de los acontecimientos de la vida, juzgamos mal, y hasta culpamos a Dios de nuestras desgracias.
¿Quién no ha estado enojado con Dios?

¿Quién no ha considerado muchas veces sus juicios injustos y equivocados sus caminos?

Dios no es como nosotros, y sencillamente no piensa como nosotros. Nosotros somos egoístas y siempre juzgamos las cosas de acuerdo a nuestra personal conveniencia.
Que lamentable aquellos “representantes de Dios” que hacen ver a Dios como una persona como ellos, egoísta, manipulador, que solo piensa en su propio beneficio, o nos hacen ver a un Dios, religioso como ellos, que nos impone yugos que ni ellos mismo pueden sobrellevar, produciendo grandes decepciones en las multitudes de sinceros buscadores de la verdad.

Consecuencia de todo aquello, es ver a muchos frustrados en su espiritualidad, buscando una experiencia para su vida sin Dios o lo más lejos de él, haciendo más terrible el desenlace y el destino de sus vidas.
Si tú y yo queremos experimentar el bien de Dios, su bendición, sencillamente debemos regirnos a lo que él nos dice:

¿Qué espera Dios de mí?
¿Qué pide Dios de ti?

La misma pregunta que Dios le hizo a su pueblo algunos miles de años atrás cuando a las puertas de la Tierra Prometida, les garantizaba que aquella sería una tierra de bendición para ellos, donde serían prosperados y bendecidos juntos a sus familias y todas sus posesiones, si tan solo atendían su consejo.
¿Qué Dios les pedía?

1.- QUE LO HONRARAN: Esto es tenerle en alta estima, es respetarle en su sabiduría y en sus juicios, que estos nunca serían para su mal sino para el bien de ellos. Que confiaran en él.
2.- QUE CAMINARAN EN SUS CAMINOS: La vida siempre  nos presentará muchos caminos para escoger, el mundo siempre nos ofrecerán muchas alternativas, ligadas a la vanidad, a las posesiones, a la codicia, las drogas, etc. Dios nos pide que escojamos los suyos, y si en algún momento parecieran cerrados sus caminos, él puede abrir nuevas sendas delante de nosotros a fin de llevarnos al bien y su bendición. Que usemos nuestra libertad para decidir, decidiendo por sus caminos, los que siempre serán justos y verdaderos.

3.- QUE LO AMEMOS CON TODO EL CORAZÓN Y CON TODA NUESTRA ALMA: Hay tantos amores que procurarán conquistar nuestro corazón, hay tantas emociones y sentimientos que procurarán desviar nuestra atención de él. Él desea que lo tengamos siempre en el centro de nuestro corazón, que lo guardemos y lo consagremos a él todos los días de nuestra vida. Él nos anhela celosamente.
4.- QUE LO SIRVAMOS CON TODO EL CORAZÓN Y EL ALMA. La vida es un servicio y todos los días servimos, servimos en la casa, servimos en el trabajo, servimos en el colegio y también en la iglesia. Todos los días servimos a los demás. Dios desea que ese servicio sea a Él, pues es la única forma de que no nos cansemos de hacer el bien, es la única forma que lo haremos sin amargura y sin quejarnos, si lo hacemos a Él, lo haremos con alegría y con acción de gracias. Todo lo que hagan sea de palabra o de hecho, háganlo en su nombre.

5.-QUE GUARDEMOS SU PALABRA. Si no la observamos y no la guardamos ¿que garantiza no equivocarnos? En nosotros no hay sabiduría, él es la sabiduría. Su palabra es lámpara a nuestros pies y lumbrera a nuestro camino. La bendición de Dios no es para los que leen o los que escuchan, es para los que guardan su palabra, de ellos es la bendición de Dios.
Necesitamos meditar en ella todos los días para guardarla, solo así seremos como árboles plantados junto a las corrientes de aguas, que da su fruto a su tiempo, su hoja no cae y en todo son prosperados.

Antes del fruto son las hojas, y por las hojas se conoce el árbol y garantiza su fruto. Las hojas son el testimonio de Dios en la vida de los hombres, el cual no debe caer en tierra, debe permanecer, hasta la manifestación del fruto, la bendición de Dios.
Dios no quiere que seas un árbol con sus hojas por tierra, quiere que seas un árbol lleno de fruto, con sus hojas verdes, bendecido(a) por Dios.

¿QUÉ ESPERA DIOS DE MÍ?
Que lo honre, que ande en sus caminos, que lo ame, que lo sirva, y que guarde su palabra.

miércoles, 12 de febrero de 2014

EN LA CASA DE MI PADRE


EN LA CASA DE MI PADRE “Una reflexión en el camino”
Por Guillermo Ávila

 


“No se turbe vuestro corazón, creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino” Juan 14:1-4
Eran momentos  de turbación en los discípulos, Jesús les venía anunciando acerca de su partida, de la necesidad de ir y morir en la cruz, pero para ellos,  que lo habían dejado todo por seguirle, eran momentos de decepción y turbación a pesar de la promesa de Jesús que no los dejaría solos, que les enviaría al Espíritu Santo, quién estaría con ellos, como él lo había estado durante más de tres años.

¿Dónde iba Jesús?
Claramente lo expresa, a la Casa de su Padre, y su deseo era que ellos también estuviesen con Él en ese lugar donde habían muchas moradas: Quiero que donde Yo estoy, vosotros también estéis”

Por esta causa, era necesaria su partida, para poder prepararles la posibilidad de que ellos también accedieran a ese Glorioso lugar: “Voy pues a preparar lugar para vosotros”
¿Quién necesitaba preparación? ¿Qué lugar se debía ordenar y limpiar adecuadamente? ¿El Cielo? ¿La Casa del Padre?

El Cielo, la Casa del Padre, es perfecta, es santa y es gloriosa. No necesita de ninguna reparación ni limpieza.
Nosotros, los seres humanos, necesitamos ser ordenados, limpiados y vestidos adecuadamente para acceder a ese maravillo lugar, Jesús reveló esa condición: “Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Más el enmudeció. Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes”

La Misión de Jesús era abrir el camino al Padre y preparar un pueblo santo para El.
Cristo por amor se entregaría en la cruz, para santificarnos, para purificarnos en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentarnos al Padre como un pueblo glorioso, que no tuviese manchas ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santo y sin mancha, porque Dios es Santo, Santo, y Santo.

Jesús  debía ir a la cruz, pues en ese lugar nos prepararía para acceder a las Moradas eternas.
Jesús en la cruz como cordero debía morir por nuestros pecados, y tomar sobre sí el castigo de nuestras transgresiones.

Es en la Cruz donde nuestros pecados fueron perdonados, nuestras almas fueron salvadas de su eterna condenación, en la cruz Cristo nos redimió, nos lavó por medio de su sangre y nos vistió adecuadamente para morar eternamente con Él junto a su Padre.
En ese acontecimiento el velo del templo se rasgó, y el camino al Padre quedó accesible para todos los hombres.

Dios le dio un visión al apóstol Juan de estas Moradas eternas, del Cielo, donde Dios tiene su trono y los redimidos por medio de la sangre del Cordero disfrutan de su gloriosa presencia: “Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y declaraban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero”
Jesús vino para llevarnos al Padre y para mostrarnos el camino.

“Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino”

Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?
Jesús dijo a Tomás y nos dice a nosotros hoy: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”

Al Padre no van los “buenos” pues todos somos pecadores y hemos sido por causa del pecado destituidos de su gloria.
Al Padre van los que han creído en el sacrificio de Cristo, y han sido lavados por medio de su sangre, reconociéndole y confesándole como el Señor de sus vidas.

“Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”
Esta es la palabra de fe que predicamos.