sábado, 21 de junio de 2014

LA CAÍDA DE LOS PODEROSOS

"LA CAÍDA DE LOS PODEROSOS"
Antes de la caída la altivez “Una reflexión en el camino”
Por Guillermo Ávila
 
“Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu. Mejor es humillar el espíritu con los humildes que repartir despojos con los soberbios” Prov. 16:18,19
Sin duda, Dios diseñó al hombre para vivir sobre esta tierra bendecido, engrandecido y exaltado por Él. 
Así lo declaró en un principio: “Lo bendijo Dios, y dijo: Fructificad, multiplicaos y señoread sobre todo lo creado”
El pecado nos ciega, nos engaña, y nos hace creer que lo podremos alcanzar por nosotros mismos, a partir de hermosos planteamientos e ideales envidiables, emprendemos desafíos llenos de esperanza, que pronto se corromperán, como nuestro propio corazón.
En vez de alcanzar la luz, alcanzamos la oscuridad.
En vez de alcanzar la eternidad, alcanzamos el dolor, la enfermedad, y la muerte.
En vez de alcanzar la paz, terminamos llenos de odio, de amarguras y depresión.
En vez de alcanzar la justicia, la violencia, la delincuencia, la corrupción envolverá nuestras sociedades.

El hombre no aprende de su historia, y vuelve a caer en sus mismos errores, y vuelve a enlodarse en el mismo barro.

Nuestra historia está llena de ejemplos dejados por Dios, para advertir a los hombres y evitarles el sufrimiento y la frustración.
Así es como vemos el ejemplo de un "poderoso" emperador babilónico llamado Nabucodonosor, quién alcanzó ribetes gloriosos en sus hazañas emprendedoras, conquistadoras, de poder y esplendor económico, similar al de muchos "poderosos" en nuestra generación.
Dios en su misericordia le revela su condición espiritual y moral, con el propósito de evitarle su caída y sufrimiento por boca del profeta Daniel: 

“POR TANTO, OH REY, ACEPTA MI CONSEJO: TUS PECADOS REDIME CON JUSTICIA, Y TUS INIQUIDADES HACIENDO MISERICORDIA PARA CON LOS OPRIMIDOS, PUES TAL VEZ SERÁ PROLONGACIÓN DE TU TRANQUILIDAD"
Nabucodonosor era el rey,  poderoso emperador sobre la tierra, que difícilmente, como muchos hoy en día, aceptaría un consejo. Es el mayor peligro de quienes alcanzan fama y poder sobre esta tierra, atribuyéndolo a su inteligencia y capacidad.
Y así se desarrollaron los acontecimientos: 

“Al cabo de doce meses, paseando en el palacio real de Babilonia, habló el rey y dijo: ¿No es ésta la gran babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad? Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando vino una voz del cielo: A ti se te dice, rey Nabucodonosor: El reino ha sido quitado de ti; y de entre los hombres te arrojarán, y con las bestias del campo será tu habitación, y como los bueyes te apacentarán; siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el ALTÍSIMO tiene el dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien él quiere. 
En la misma hora se cumplió la palabra sobre Nabucodonosor, y fue echado de entre los hombres; y comía hierba como los bueyes, y su cuerpo se mojaba con el rocío del cielo, hasta que su pelo creció como plumas de águila, y su uña como la de las aves”
La soberbia y la altivez en el corazón de los hombres, no hace acepción de persona, derribará al más grande o al más chico,  y no habrá quién pueda impedirlo. 

Dios gobierna sobre el dominio de los hombres.

Nabucodonosor tuvo que lamer el polvo para reconocerlo, leamos sus palabras:
“Mas al fin del tiempo, yo Nabucodonosor, alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al ALTÍSIMO, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades. Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?"
"Me humillé, y en el mismo tiempo mi razón me fue devuelta, y la majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí, y mis gobernadores y mis consejeros me buscaron; y fui restablecido en mi reino, y mayor grandeza me fue añadida. Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia”
¿Si Dios cambió a un hombre tan soberbio, violento y sanguinario como Nabucodonosor, no podrá cambiar tu corazón, para evitarte el mal que sobre ti se avecina? 

¿Si Dios transformó su vida, no podrá hacerlo en ti, y hacer de ti un hombre con sabiduría y consejo divino en tus labios?
Si Dios transformó a hombres llenos de rebeldía y soberbia como el apóstol Pablo, de un perseguidor de los cristianos, enemigo de Dios, a un edificador de la vida de los creyentes, quien llega a decir:
¿Quién eres tú para que alterques con Dios? Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso de honra y otro de deshonra?
Dios resiste a los soberbios pero da gracia a los humildes.
Dios es alto y sublime, mora en las alturas y en la santidad, pero desciende y hace habitación en el corazón de un hombre o de una mujer quebrantada, y humilde de espíritu.
¿Por qué esperar a que la vida y nuestras circunstancias nos quebranten y nos humillen?
¿Por qué no humillar nuestro corazón voluntariamente delante de Dios?
¿Por qué no reconocer nuestra ceguera y falta de entendimiento, antes de vivir desgracias mayores como las vivió Job, de quien vienen estas palabras? 
“Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti. ¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento?
Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía.
Oye, te ruego, y hablaré; Te preguntaré, y tú me enseñarás.
De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza. 
El quebranto y la humillación nos llevan a declarar:

¡Señor! ¿Qué quieres que yo haga?

Fue la actitud de Nabucodonosor, de Pablo y de Job: ¿Cuál será la tuya?

No olvides

“Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes  de la caída la altivez de espíritu.
Mejor es humillar el espíritu con los humildes que repartir despojos con los soberbios”
“Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, serás salvo”

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